Con las temperaturas alcanzando sus picos máximos, los sistemas ganaderos y lecheros de la región entran en una zona de riesgo. Para evitar caídas en la producción de leche o pérdidas en la ganancia de peso y tasas de preñez, el veterinario Ramón Juambeltz enfatiza que la clave no es solo «reaccionar al calor», sino gestionar el bienestar animal con precisión.
Para Juambeltz, el agua es el «alimento» más importante en verano. Un animal con sed es un animal que no come.
- Cantidad y Calidad: Se debe garantizar acceso a agua limpia y fresca. Las vacas lecheras de alta producción pueden duplicar su consumo habitual.
- Logística: Es vital revisar el caudal de los bebederos. «No sirve que haya agua si el animal tiene que esperar horas a que el tanque se llene», señala el especialista.
El comportamiento del ganado cambia drásticamente con el Índice de Temperatura y Humedad (ITH) elevado.
- Pastoreo nocturno: Se recomienda aprovechar las horas de menor temperatura (tarde-noche y madrugada) para el pastoreo directo.
- Sombra obligatoria: Ya sea natural o artificial, la sombra es innegociable entre las 10:00 y las 17:00 horas. Juambeltz subraya que el hacinamiento bajo un solo árbol puede ser contraproducente; se necesitan áreas amplias para permitir la circulación del aire.
En los tambos, el impacto es inmediato en los litros producidos y en la salud reproductiva.
- Enfriamiento en el corral de espera: El uso de aspersores y ventiladores antes del ordeño reduce la temperatura corporal del animal, permitiendo que entre a la sala de forma más confortable.
- Dieta fría: Ajustar la dieta para que sea más densa energéticamente pero menos fibrosa (evitando el calor de fermentación excesivo) ayuda a mantener el consumo.