El reciente embarque de trigo desde Santa Fe hacia el gigante asiático marca el inicio de una nueva etapa. Bajo el espejo del pragmatismo de Donald Trump y el agotamiento del pacto con la Unión Europea, la región acelera su integración con el mercado más dinámico del mundo.
La salida de 60.000 toneladas de trigo desde la terminal de Timbúes, sobre el río Paraná, no fue un movimiento portuario más. Fue un gesto político de alto impacto. El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, acompañado por el embajador chino Wang Wei, selló el despacho con una frase contundente: “La provincia les abre los brazos a las inversiones de China”.
Este evento simboliza un cambio de clima en la política exterior argentina y regional. Mientras que el gobierno de Javier Milei observa con atención el modelo de su referente, Donald Trump, el pragmatismo parece imponerse sobre la ideología.
La base de este acercamiento reside en el diálogo estratégico que Trump ha consolidado con Xi Jinping. La reciente «Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. 2025» ha redefinido el tablero: China ya no es señalada como un adversario, sino como un competidor económico en un marco de «prosperidad compartida».
Este deshielo entre las superpotencias habilita a los países del Mercosur a buscar un Pacto de Cooperación de largo plazo con China, fundamentado en la complementariedad absoluta de sus economías.
La urgencia de un acuerdo Mercosur-China surge también del agotamiento del diálogo con la Unión Europea. Tras décadas de negociaciones, el bloque de Bruselas ha demostrado una carencia total de voluntad política, asediado por el proteccionismo agrícola reaccionario liderado por Francia.
Mientras París y Bruselas erigen barreras para proteger sectores ineficientes, la producción agroalimentaria sudamericana —la más competitiva e innovadora del planeta— busca horizontes donde su capacidad sea valorada. China representa exactamente lo opuesto al proteccionismo europeo: un acceso masivo al mayor mercado de consumo de alimentos y una garantía de inversiones en infraestructura y sistemas productivos.
El mapa regional también se reconfigura hacia el Oeste. Chile y Perú ya gozan de acuerdos de libre comercio con China, y el reciente triunfo electoral de José Antonio Kast en Chile acelera esta tendencia. Kast, un entusiasta de la libre asociación con la República Popular, ha manifestado su interés en que la producción minera y agroalimentaria de Argentina y la región encuentre su salida al mundo a través de los puertos chilenos de aguas profundas.
En conclusión: el embarque en Timbúes es el primer paso de una estrategia mayor. El Mercosur se encuentra ante una oportunidad histórica para abandonar la parálisis europea y abrazar una integración con China que promete no solo comercio, sino el desarrollo estructural que la región demanda.