El costo de la energía vuelve a estar en el centro del debate económico, un reciente análisis revela que las ineficiencias estructurales en el precio del gasoil representan un sobrecosto de 8,2 pesos por litro, una cifra que actúa como un freno de mano para el sector productivo y la economía nacional en su conjunto.
Históricamente, se ha mantenido uno de los precios de combustibles más altos de la región. Esta realidad no es casualidad, sino el resultado de un sistema que combina el monopolio de la refinación e importación de ANCAP, una alta carga tributaria y el uso de las tarifas como herramienta de política macroeconómica.
Las cadenas agroindustriales, que consumen cerca del 40% del gasoil vendido anualmente, son las principales víctimas de esta brecha. Según los datos analizados, el precio en surtidor se mantiene sistemáticamente por encima del Precio de Paridad de Importación (PPI) definido por la URSEA.
- Cifras que impactan: Si bien el pico de sobrecosto se registró en 2016 (USD 367 millones), el último año cerró con un excedente de USD 185 millones.
- El desglose del sobreprecio: De ese total, USD 100 millones corresponden puramente al mayor costo operativo del combustible, mientras que USD 80 millones se destinan al subsidio del boleto urbano, un costo que el sector productivo carga sobre sus hombros.
Para revertir esta erosión de la riqueza real y fomentar la inversión, se plantea una serie de medidas urgentes:
- Transparencia total: Eliminar los subsidios cruzados y que estos se expliciten en el Presupuesto Nacional, dejando de «esconderlos» en el precio del gasoil.
- Reforma de la distribución: Implementar la regulación pendiente en la cadena de distribución, lo que permitiría una baja inmediata de casi $4 por litro.
- Institucionalidad fuerte: Fortalecer la independencia de la URSEA para que actúe como un regulador técnico y no político.
- Modernización de ANCAP: Redefinir el rol de la estatal y avanzar hacia un esquema de mayor competencia que rompa con la dependencia del monopolio.