Soja: entre la expectativa por lluvias y el desafío de blindar el rinde

Alexis González, técnico de Dalmás Agro

El ciclo de la soja entra en una etapa de definiciones, mientras los productores enfrentan una dualidad constante: la ansiedad por la llegada de precipitaciones que aseguren el llenado de grano y la urgencia de mantener el cultivo limpio de malezas y plagas que amenazan con licuar el potencial de rendimiento.
La irregularidad de las lluvias ha puesto al productor en un estado de alerta permanente.

En las zonas donde el agua ha sido esquiva, el estrés hídrico comienza a pasar factura, limitando el crecimiento.

Sin embargo, la llegada de nuevas tormentas —si bien necesaria— trae consigo un aumento en la humedad ambiental, el caldo de cultivo ideal para la aparición de enfermedades fúngicas y el rebrote de malezas.

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